27 may 2010

Reflexiones

Empecé mi vida profesional autónoma como formadora enseñando ofimática a unas personas que me parecían "mayores" e ignorantes, (yo tenía veintimuypocos) en aquel momento no había nativos digitales ni nos habíamos planteado el "problema". Recuerdo que en más de una ocasión, los alumnos, me decían: "la informática es un rollo, se tarda el doble en hacer algo que a mano es un momento". Yo les miraba y pensaba pues yo a mano no hago eso ni loca. Recuerdo con horror la máquina de escribir y repetir un documento porque ya llevabas más de un borrón. La verdad es que cuando llegaron los procesadores de texto la vida mejoró mucho, así que no entendía, en absoluto, las quejas contra los ordenadores. Según esto, pues, un día fui una Nativa digital!.

Sigo formando a personas que siguen quejándose de la informática exactamente con los mismos argumentos que hace más de 10 años. ¿No ha cambiado nada en este tiempo?

Ellos quizá no, pero yo sí, hace "diezypico" años  me interesaban a rabiar las novedades tecnológicas. ¿Internet? uaaaau (recuerdo una gloriosa factura de más de 50.000 pesetas) Tuve la gran suerte que una de las zonas de pruebas piloto de ADSL era mi barrio y en el 97 di de alta la primera línea ADSL. Recuerdo los chats, el correo, las webs y la emoción que representaba descubrir las cosas y estar al día.

Hoy en día sigue interesándome la técnica, y mucho, pero tengo que admitir que hay una parte que me supera. Perfil personal en Facebook, profesional en LinkedIn, Feeds RSS, titulares en Twitter, fotos en Picasa, vídeos en YouTube, música en Spotify... Entonces me pregunto: ¿Cuándo vive la gente?

Y aquí es cuando realizo que me estoy convirtiendo en uno de esos "mayores ignorantes" que criticaba hace "diezypico" años. Realmente lo que ha cambiado es la manera de concebir la vida, igual que había cambiado para esos "mayores".  Twitter, Picasa, YouTube... no son más que el reflejo de la vida, la gente saca su móvil (total es un segundo) y graba esa escena tan divertida que está ocurriendo, así, a parte de los presentes, ríen X gente más que no están físicamente presententes pero sí están conectados a la Red. Esa escena va directamente de su móvil a Facebook, a YouTube, sin pasar, la mayoría de las veces, por el ordenador. Por consiguiente esta gente crea contenidos a medida que vive, cosa que para mí, es impensable. Y me sorprendo a mi misma en estos momentos recordando una expresión que me parecía muy divertida: "Cosas veredes, Sancho..."

26 may 2010

La frustración del estudiante en línea. Causas y acciones preventivas

Una de las cosas que me gusta hacer es navegar enlazando información, tengo que decir que cambié a Mozilla porque me permitía abrir cada enlace en una pestaña y me ahorraba los tres millones de iconcitos en la barra de tareas que, además, como eran minúsculos, no sabía cual era qué. (ya sé que Explorer hace lo mismo pero.... llega tarde, ahora Mozilla y yo ya somos amigos)

En este aspecto tengo poco acento, me encanta dar vueltas y no seguir una línea de pensamiento sino divagar hacia lo que me parece interesante para retomar el hilo (o no) más tarde. En estas ocasiones casi siempre termino con 20 o 30 pestañas abiertas de las cuales algunas quizás ni siquiera leeré porque ya no me interesa lo que contienen.

Bueno, en uno de estos paseos por la Red encontré este artículo:
BORGES, Federico (2005). «La frustración del estudiante en línea. Causas y acciones preventivas». Digithum [artículo en línea].  UOC. N.º 7. ISSN 1575-2275
Os recomendaría que lo leyerais aunque os "pego" el Resumen:
La frustración del estudiante en línea originada por situaciones problemáticas graves o repetidas es un hecho que tal vez no se esté estudiando suficientemente. Las consecuencias de la frustración del estudiante pueden ser gravosas para todos los agentes implicados en la educación en línea: estudiantes, docentes e instituciones.
En este estudio se señalan las acciones inadecuadas o las carencias en la actuación de cada agente de la educación en línea que pueden ocasionar frustración y problemas graves al estudiante en el desempeño de su actividad. También se proporciona una lista de acciones para prevenir la aparición de las causas de frustración indicadas.
Evidentemente lo leí, y tengo que decir que no puedo estar  más en desacuerdo con el señor Federico Borges. Se me ocurre que vendría a ser como decir: la gente no quiere ir conmigo en el coche y que la solución que alguien te proponga sea: revisa los neumáticos, ¿la pintura está impoluta?, ¿las puertas abren bien?... ¿Has aprendido a cantar la Traviatta?

Vamos que...yo cambiaría alguna de sus 9 páginas de consejos pero lo que seguro añadiría es: Dar al estudiante contenidos que le interesen, con un formato que le interese en lugar de más contenidos explicativos sobre los contenidos.

Si algún día hablo con el señor Borges le preguntaré por qué ha descartado directamente la opción de la calidad y formato de los contenidos, entiendo que si ni siquiera la menciona será que no la considera relevante, pero... ¿Por qué?

25 may 2010

¿Y si rizamos el rizo un poquillo?

El otro día estaba leyendo la biografía de Marshall McLuhan (julio 1911 - diciembre 1980) en la Wikipedia y hubo una párrafo que me llegó especialmente :
Es habitual que pensemos que los medios no son sino fuentes a través de las cuales recibimos información, pero la concepción de McLuhan era que cualquier tecnología (todo medio) es una extensión de nuestro cuerpo, mente o ser. Los medios tecnológicos son entendidos como herramientas que extienden las habilidades humanas, del mismo modo que una bicicleta o un automóvil son una extensión de nuestros pies... la computadora sería una extensión de nuestro sistema nervioso central.

Si cogemos esta idea y la fundimos con la de Marc Prenksy:
Today’s students – K through college – represent the first generations to grow up with this new technology. They have spent their entire lives surrounded by and using computers, videogames, digital music players, video cams, cell phones, and all the other toys and tools of the digital age. Today’s average college grads have spent less than 5,000 hours of their lives reading, but over 10,000 hours playing video games (not to mention 20,000 hours watching TV). Computer games, email, the Internet, cell phones and instant messaging are integral parts of their lives.
It is now clear that as a result of this ubiquitous environment and the sheer volume of their interaction with it, today’s students think and process information fundamentally differently from their predecessors.
As we shall see in the next installment, it is very likely that our students’ brains have physically changed – and are different from ours – as a result of how they grew up. But whether or not this is literally true, we can say with certainty that their thinking patterns have changed.
Obtenemos....